El aire en el puente del Castillo Valerius se convirtió en un campo de guerra termodinámica. Por un lado, el frío absoluto del diamante de Natalia y el invierno alpino; por el otro, el calor termonuclear que irradiaba Cristian Helios. En el centro, una mancha de nada que desafiaba ambas leyes.
Cristian no esperó a las presentaciones. Su aterrizaje no había sido una casualidad, sino un cálculo de trayectoria balística diseñado por su propia conciencia expandida. Al ver a Natalia, su núcleo sola