Ella se acercó a él, lo rodeó por el cuello y lo besó. Fue un beso voraz, un estallido de deseo que lo hizo jadear de pura excitación. Se separaron, jadeantes y sonrojados.
— Al fin. Al fin le pedí el divorcio a Mauricio. Ahora solo hay que esperar a que se cumplan los seis meses de tu matrimonio.
Esas palabras cayeron sobre él como un golpe, una onda expansiva que le heló la sangre. La inevitable realidad de su matrimonio, del divorcio, de todo, lo golpeó con una fuerza que no esperaba. Y lo más extraño de todo, fue que le dolió.
Verónica frunció el ceño, percibiendo el destello de inseguridad en sus ojos. —¿No te vas a divorciar? —indagó, confundida.
Derek arqueó una ceja. Se giró para abrir la puerta de su auto y le respondió con una indiferencia que la desarmó. —Muchas cosas pueden pasar. —La dejó allí, excitada, confundida, con más preguntas que respuestas.
Mientras Derek se acercaba a la mansión, vio una figura de pie en la entrada principal. Maldijo para sus adentros. Aceleró c