Derek los observaba desde el marco de la puerta, con los brazos cruzados. No quiso interrumpir. Miró fijamente a su esposa, era la primera vez que la veía sonreír con tanta plenitud. Su risa, que ahora la escuchaba por primera vez, era realmente hermosa.
—¿Por qué no entra, señor? —preguntó Flavia, que llegaba con unos refrescos.
Derek negó con la cabeza y se retiró, prefiriendo ir a descansar.
Un nuevo día…
Una gloriosa mañana se alzaba sobre la mansión. El sol subía lentamente, el césped resp