Derek, a pesar de la frialdad oficial entre ellos, había asumido su rol de padre con una determinación feroz. Cada mañana, sin falta, pasaba por la habitación de su esposa. A veces, simplemente para dar los buenos días, otras, para necesitar verla, o confirmar que todo estaba bien.
La acompañaba a todas las citas médicas y se había convertido en un obsesivo guardián de su salud. Llamaba cuatro y hasta cinco veces al día para asegurarse de que hubiese comido, que hubiese tomado sus vitaminas, qu