Esa tarde, la casa se llenó de vida y risas. Naomi, sus hermanos y sobrinos disfrutaban de una parrillada. Mientras los niños jugaban en la piscina, los adultos se deleitaban con el aroma y el sabor de la carne asada. Tyler, el encargado de la parrilla, lidiaba con el humo, el calor y las inevitable manchas de grasa en su ropa.
— Insisto, debimos dejar que Flavia nos ayudara.—dijo Naomi.
— No, si alguien más se involucra, entonces no es una parrillada familiar. Aquí solo podemos aceptar a Derek. Por cierto, ¿dónde está? — Indagó Nelly.
Naomi se tensó, una ligera rigidez recorriendo su cuerpo.
— No lo sé. Supongo que salió con Maik, o está en casa de sus padres.
— ¿Y no le preguntaste a dónde iba? — Continuó Nelly.
— ¿Cómo se te ocurre? No me voy a meter en su vida.
— No, él se metió en la tuya, ¡y de qué manera! — comentó Tyler con una sonrisa, y todos se rieron.
La atmósfera de diversión, sin embargo, se disolvió en un instante. El sonido de unos tacones resonó en el patio y una figu