Esa tarde, la casa se llenó de vida y risas. Naomi, sus hermanos y sobrinos disfrutaban de una parrillada. Mientras los niños jugaban en la piscina, los adultos se deleitaban con el aroma y el sabor de la carne asada. Tyler, el encargado de la parrilla, lidiaba con el humo, el calor y las inevitable manchas de grasa en su ropa.
— Insisto, debimos dejar que Flavia nos ayudara.—dijo Naomi.
— No, si alguien más se involucra, entonces no es una parrillada familiar. Aquí solo podemos aceptar a Derek