Capitulo 43

El silencio volvió a instalarse entre ellos, denso, como una soga a punto de romperse. El aire parecía escasear en el opulento comedor. Solo se escuchaba el tintineo de los tenedores y el eco de sus propios corazones.

La tensión entre ellos no era cómoda, pero era diferente. Era un reconocimiento de que algo había cambiado para siempre.

—Tienes que tomarte las pastillas. —dijo él.

—Lo sé. —contestó sin más.

—¿Has tenido dolor en el vientre?

—No.—sus respuestas eran cortas, como si cada palabra
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