—¿Hay algo que no sea de tu agrado? —La voz de Derek resonó detrás de ella, su tono inusualmente suave.
Naomi se giró, una pregunta escapando de sus labios.
—¿Hay más sorpresas?
Derek no contestó. Sabía que cualquier palabra incorrecta podría arruinar la paz frágil que se había instalado entre ellos. Naomi, sin esperar una respuesta, se dirigió a las escaleras.
—Deberías ocupar un dormitorio en esta planta. —la voz de Derek la detuvo.
Ella lo miró, extrañada, el corazón latiéndole con una mezcla de confusión y cautela. Tantos cuidados la hacían sospechar, la llenaban de una esperanza peligrosa. Se detuvo en seco, el aire entre ellos se llenó de un silencio cargado.
—Estaré bien.—murmuró, y siguió su camino.
Al llegar a su habitación, el asombro la asaltó de nuevo: el espacio estaba completamente vacío. Todas sus pertenencias no estaban allí. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Dónde están mis cosas? —preguntó, bajando la voz, el enfado asomando.
—Acompáñame, por favor. —le pidió é