OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 83.
El restaurante estaba lleno de luces cálidas, de esas que no encandilan, sino que envuelven. Lámparas colgantes de vidrio ámbar descendían del techo como pequeñas lunas domesticadas, reflejándose en las superficies pulidas de las mesas y en las copas de cristal alineadas con precisión. El murmullo constante de conversaciones ajenas se mezclaba con una música suave, instrumental, que parecía diseñada para no interrumpir nada importante… ni siquiera los silencios.
Héctor y yo estábamos sentados f