OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 82.
El cementerio está en silencio cuando llego.
Un silencio distinto al de la noche o al de una casa vacía. Este es un silencio espeso, respetuoso, cargado de nombres y despedidas. El cielo está cubierto por nubes claras, y el aire es frío, pero no desagradable. Camino despacio por los senderos de grava, apoyándome ligeramente en el bastón que todavía necesito en los días en que mi cuerpo decide recordarme todo lo que pasó.
Conozco el camino de memoria, aunque en realidad nunca estuve aquí. Esa id