OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 84.
Salí del restaurante sin mirar atrás.
La puerta se cerró a mi espalda con un sonido suave, casi educado, que contrastó brutalmente con lo que llevaba dentro. Afuera, la noche me recibió con una lluvia persistente, fina pero constante, como si el cielo también hubiera decidido quebrarse en silencio. Las luces de la calle se reflejaban en el asfalto mojado, multiplicándose en destellos borrosos que parecían temblar con cada gota.
Estaba lloviendo.
Lo noté apenas un segundo antes de seguir avanzan