OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 79.
Pestañeo una vez más, luego otra, hasta que finalmente consigo acostumbrar mi vista a la luz del hospital…
La luz blanca del hospital me resulta demasiado intensa, casi dolorosa, y siento la cabeza pesada, como si cada pensamiento tuviera que abrirse paso a través de una niebla espesa. Mi mente no responde con la rapidez habitual; es lenta, torpe, como si acabara de regresar de un lugar muy lejano.
Trato de moverme, el simple gesto de incorporarme me provoca un mareo intenso, pero aun así, c