OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 45.
Corrí… No supe en qué momento mi cuerpo reaccionó por instinto, ni hacia dónde se dirigían mis pies. Solo corrí. El asfalto frío golpeaba mis zapatos con violencia, el aire nocturno me quemaba los pulmones y cada latido de mi corazón resonaba en mis oídos como un tambor descontrolado.
La carretera estaba desierta, oscura y silenciosa. Excepto por el caos que dejaba atrás.
Escuché gritos. Órdenes incomprensibles. Golpes secos, violentos, que se mezclaban con el sonido metálico de cuerpos chocand