OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 44.
Tomé aire, no fue un gesto dramático ni heroico, sino una necesidad básica, casi primitiva. Mis pulmones ardían, mi corazón golpeaba con tanta fuerza que temí que Rebeca pudiera escucharlo. Aun así, levanté el rostro lentamente y la miré de frente.
No iba a suplicarle. No iba a rogarle. Si este era el momento en que debía enfrentarla, lo haría con la cabeza en alto.
—Eres patética, Rebecca —dije finalmente, rompiendo el silencio de la carretera.
El murmullo de los hombres armados se detuvo. Inc