OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 43.
Guardé silencio.
Mis ojos permanecieron fijos en el espejo retrovisor, observando aquella luz solitaria que nos seguía con una constancia inquietante. El rugido lejano del motor de la motocicleta se filtraba incluso a través del vidrio del coche, como un zumbido persistente que hacía que mi pulso se acelerara poco a poco.
No dije nada al principio.
No porque no supiera qué estaba pasando, sino porque una parte de mí necesitaba confirmar lo inevitable. Necesitaba estar absolutamente segura antes