OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 26.
Incrédula ante lo que están viendo mis ojos, me quedo inmóvil frente a la rendija de la puerta del baño, conteniendo incluso la respiración. El corazón me golpea con tanta fuerza en el pecho que temo que Christina pueda escucharlo. A través de ese pequeño espacio observo cómo el restaurante, que hace apenas unos minutos estaba lleno de risas, copas elegantes y conversaciones triviales sobre bodas y vestidos caros, se ha transformado en un escenario de terror absoluto.
Un grupo de hombres armado