OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 23.
Me siento tan absorta en los besos de Hector, que ni siquiera me doy cuenta cuando él me lleva hacia la sala de la mansión, solo lo noto cuando mi cuerpo cae pesadamente en uno de los sofás de la habitación, con Hector aun sobre mi.
—Auch… Que idiota eres —me quejo con la voz entrecortada por la falta de aire con sus besos apasionados.
—Solo soportalo, niña mimada —ordena él de manera fiera.
Tomando mi camiseta, Hector la levanta y deja mi pecho al descubierto, donde con mucha fascinación, llev