OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 24.
Abrí los ojos lentamente, con la sensación de que mi cuerpo pesaba demasiado, como si aún estuviera atrapada entre el sueño y la vigilia. Parpadeé varias veces, tratando de enfocar la vista, sintiéndome completamente desorientada. La oscuridad me envolvía, apenas rota por una tenue luz que se colaba desde algún punto indeterminado de la habitación.
No reconocí el lugar al principio, y ese desconocimiento hizo que un nudo de ansiedad se formara en mi estómago. Pero bastaron unos segundos más par