Capítulo 96.

No estoy muy segura de cuántas horas pasan, mientras yo todavía me mantengo en la cama sujetando mi abdomen, adolorida sintiendo tanto malestar que por un instante creo que voy a morir.

Pero supongo que llega en la madrugada, cuando escuchó el sonido de varios coches en el exterior, y aunque ya no puedo asomarme a la ventana para ver lo que está ocurriendo, sé que hay gente que está llegando a mi prisión, algo que hace latir mi corazón desesperado.

¿Víctor? ¿Gabriel? ¿Son ellos? ¿Han venido a ayudarme?

Mis sospechas se confirman cuando la puerta de mi prisión vuelve a abrirse, y el doctor se asoma en el interior con esa misma cara de desagrado que siempre pone.

—Ha llegado el momento, señorita Galloway, finalmente podrá irse de aquí tanto como lo desea —dijo el doctor luciendo bastante fastidiado.

Dándole la orden a sus hombres con un movimiento solo de sus manos, esos tipos con pasamontañas se acercan a mí y me toman firmemente de los brazos, obligándome a ponerme de pie de la ca
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