Capítulo 25.
Aguantando la respiración de la mejor manera que puedo, siento como Victor vuelve a enredar sus dedos en mi cabello, obligándome a bajar la cabeza, con mis labios envolviendo su gran erección.
—No descanses, Christina, tómalo todo… —me ordena Victor, haciendo presión en mi nuca para obligarme a bajar más.
Ahogando una arcada, cierro los ojos y sigo con mi trabajo, envolviendo el gran y duro miembro de Victor con mis labios, moviéndose sobre él una y otra vez, buscando darle placer con mi boca.