49. Quejidos y lamentos en la mansión
La mañana siguiente, Ana Paula despertó gracias al rumor de varios toquecitos sobre la puerta. Una mucama entró con una amable sonrisa instantes después.
— Buenos días, señora. Esto ha llegado para usted — le dijo la mujer, dejando un paquete sobre la mesita del café.
Ella se incorporó extrañada.
— ¿Para mí? ¿Qué es? ¿Quién lo envió?
— ¿Por qué no lo revisa usted misma? — sugirió gentil — Creo que allí tiene una nota.
Ana Paula asintió.
— Gracias.
— Con permiso.
Cuando se quedó sola, rev