17. No tuviste que haber dicho eso
Entró a la habitación a la que la habían trasladado. Ella dormía boca arriba, serena, ya no sudaba ni le temblaban los labios.
— Creí que estaba despierta — mencionó en voz baja a su amigo que se había quedado cruzado de brazos bajo el marco de la puerta.
— Se habrá quedado dormida otra vez, el exceso de sueño es un síntoma muy común en su estado.
— Me quedaré con ella.
— Bien, avísame si necesitas algo. Es muy probable que tenga que pasar la noche aquí para tenerla monitoreada.
— ¿Puedes d