18. Fin a todo aquello
Elizabeth y Leonas respiraban agitados después de lo ocurrido en la parte trasera de aquel auto. Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había pasado, pues se dejaron llevar sin importarles nada más.
Sin embargo, todo cambió cuando el móvil de ella sonó. Se puso pálida. Era Renato.
— No le contestes — le pidió el hombre que acababa de convertirse en su amante.
Ella negó. No podía hacer eso.
— Si no lo hago, él podría… — bajó la mirada, sacudió la cabeza y comenzó a abotonarse la camisa rápida