Cuando su esposo salió de la habitación de Kiara, luego de haber estado más de dos horas tratando de calmarla, ella no pudo hacer otra cosa que acercarse arrepentida, con sus manos retorciéndose ansiosamente.
—Lo lamento tanto. No quise que…
—¿Qué le dijiste? —la cortó seriamente. Sus ojos estaban entrecerrados.
—Mencioné a Isabella. Perdón.
—¿La mencionaste? ¿Por qué? —No pudo contener su molestia al hablar—. Selene, te dije claramente que no se nombraba a esa mujer en esta casa. Mucho menos d