Como lo supuso, ser madrastra no era nada sencillo. La niña ni siquiera la miraba; no importaba qué tan amable quisiera mostrarse, no importaba qué tanto se desviviera por hacerla sentir cómoda.
Era una pequeña que, a su corta edad, había pasado por todo un infierno; así que comprendía que debía darle espacio para que se adaptara. Se lo estaba dando, de hecho, pero eso no impedía que por las noches se sintiera un poco triste.
No quería ser la mala en esta historia.
Acababa de darse una ducha y