El cumpleaños de su hijo terminó siendo un desastre, donde el padre del niño se la pasó encerrado en la habitación tratando de calmar los sollozos de su otra hija. Los dos niños clamaban por atención y estaban chocando.
Las personas se fueron, el silencio impregnó la casa y, por más que se sentó en el sofá con Alan para destapar los obsequios, su hijo no sonrió.
Honestamente, para este punto, estaba un poco enojada.
—Cariño, ¿no te gusta? —preguntó desenvolviendo la consola de videojuegos que