Isabella se congeló cuando su imagen y la de su hija comenzaron a aparecer en todas las pantallas del aeropuerto. Inmediatamente, tomó a la niña de la mano y huyó, procurando no ser demasiado evidente.
Había querido irse a otro lugar. Había querido que el golpe para Alejandro fuera la ausencia; saber que tenía una hija que nunca más volvería a ver. Pero no contaba con esto. No contaba con que terminaría rodeada, sin ningún tipo de escapatoria evidente.
Ahora debía improvisar, porque se negaba a