Su mano sangró cuando golpeó la pared repetidamente con el puño.
“Lo siento. No pudieron encontrarla. Huyó con la niña”, las palabras no dejaban de repetirse en su mente, sumiéndolo en la desesperación.
Esa maldita maniática.
Se subió a su auto y se dirigió al Tribunal de Familia. Llegó justo cuando el juez salía por la puerta lateral, rodeado de asistentes y el personal de seguridad. No esperó. Se abrió paso entre los guardias, ignorando todas las voces que le gritaban que se detuviera.
—¡Uste