Una semana después los síntomas no cesaban, así que tuvo que agendar una cita con un médico cardiólogo; otro que no tenía nada que ver con su caso anterior. Pero no necesitaba que fuera el mismo. Tampoco necesitaba que fuera ese hombre. Bastaba con llevar la carpeta que contenía toda la información: exámenes recientes, nuevos estudios y el resumen de la cirugía a la que se sometió hace más de siete años.
Se sentó y esperó a que el doctor se pusiera al día, mientras no dejaba de sentir esa moles