Alejandro recostó su espalda en la silla de cuero de su oficina, mientras observaba con atención el portarretrato que descansaba sobre la misma.
La foto era simple: su hijo con una chaqueta de mezclilla oscura; debajo, un suéter gris de punto grueso. Su postura era frontal, con vista a la cámara. Mirarlo era como verse a sí mismo en un espejo; allí estaban sus mismos ojos, su misma esencia.
El orgullo lo invadió de golpe porque sabía que, sin importar el tiempo separados, los lazos no podían c