Su madre lloraba mientras esos hombres guardaban sus pertenencias sin el menor cuidado en el camión de mudanza.
—Oiga, trate eso con más delicadeza, por favor —indicó a uno de los individuos que llevaba un jarrón de colección que le había heredado su abuela hacía muchísimos años—. ¡Llevo más de treinta años conservándolo, no me lo vaya a romper!
El hombre siguió caminando como si no le hubiera escuchado, mientras su progenitora se mostraba cada vez más agitada por la arbitrariedad de la situ