Al día siguiente, le ordenaron a su madre desalojar la casa.
Llevaban toda la vida alquiladas en ese lugar, pagando puntualmente la renta, manteniendo una buena relación con el dueño, para que de pronto simplemente apareciera diciendo que había concretado una increíble venta y que la condición era entregarle la casa al comprador ese mismo día.
—Deben irse —insistió el hombre, sin el menor rastro de la actitud amistosa que había utilizado en el pasado.
—Señor Ortiz, no nos estamos negando a des