—Sabes perfectamente que eso nunca va a pasar —contestó con calma, como si no acabara de decirle que su intención era mantenerla en una posición denigrante para siempre.
—¿Nunca? —repitió lentamente, sintiendo completamente desagradable aquella palabra en su lengua—. Debes estar bromeando, Alejandro.
—Yo no bromeo, Selene.
Y sí, tenía razón, él nunca bromeaba.
Era el tipo más amargado que hubiera conocido jamás.
—Según nuestro acuerdo, me quedan menos de cinco meses siendo tu amante; luego de e