—Ah, ¿sí? ¿Estás segura de que conseguirás una cama mejor que la mía? —le dio una fuerte nalgada. El impacto la hizo vibrar de una forma dolorosamente placentera, cosa que le hizo odiar el efecto que causaba, le hizo odiar el recuerdo de todas las noches compartidas, porque de esas noches no tenía ni siquiera un solo recuerdo malo. Todas habían sido exquisitas—. Suerte con eso —terminó de subirle la falda con sus dígitos, rozándole ásperamente, como si quisieran generar una huella que no pudier