Yo le exijo. Él me obliga
El silencio se alarga, el mutismo se vuelve insoportable. Siento el pulso latiendo en mis sienes, el aire que respiro me quema la garganta. Quiero ser la primera en largarse solo para que vea que no necesito su “permiso” para eso, pero es tan fuerte el duelo de miradas, que me cuesta mover mis pies.
«¿Qué hace?».
Verlo dar un paso atrás mientras se ajusta el saco de su perfecto traje entallado, es algo que me descoloca. Pensé que seguiría dándome pelea, que defendería a su mujer o al menos que