—Eres una chiquilla insolente —dice y el desprecio en su voz es cortante—. Me hablas de dignidad y yo me pregunto cuál —se inclina un poco más—. Aquí no existe la moral, las decisiones, las buenas o malas acciones, Harriet. Tampoco villanos o héroes. Aquí existen decisiones y tú aceptaste una cuando firmaste ese contrato, así que no me vengas con que quieres dignidad, cuando tú misma aceptaste por beneficios este matrimonio concertado.
La palabra contrato cuelga en el aire y me atraviesa el pech