Su voz me atraviesa como un dardo. Sus palabras retumban en mi cabeza una y otra vez, pero de todas, una resuena con más fuerza.
…Te deseo…
No lo dijo con vacilación, tampoco con burla. Solo lo ha dicho como si fuese una verdad absoluta, brutal y desesperada. Y ese tipo de verdad, cala demasiado en mí.
Intento detener el beso, no puedo seguir alimentando este ferviente deseo carnal que me está quemando por dentro. Cuando lo logro, que entiende que necesito un momento, mis labios tiemblan y mis p