El salón sigue lleno, pero yo lo siento vacío. No me siento de ánimos y todo me parece tan… superficial.
Los rostros sonrientes los veo ahora como simples máscaras. Me esfuerzo por mantener la postura, actuar como se supone que debo hacerlo. Mentón en alto, hombros derechos, sonrisa dulce y educada, esa que ensayé frente al espejo más de una vez después de meses de la muerta de mis padres. Tenía que salir de mi encierro, aunque no quería, pero mi abuela ya había dado la orden y tenía que ser obediente.
Como lo estoy siendo ahora. Mi querido esposo me mandó a buscar para seguir celebrando nuestro regreso y continuar fingiendo ante todos que estamos locamente enamorados y felices de nuestra primera aparición.
«See… hurra, que emoción».
Emma sigue caminando a mi lado hasta que vemos a Maximilian acercarse con ese porte impecable y majestuoso. Me detengo viendo cómo Emma se coloca a mi izquierda y él termina de acercarse ocupando el lugar donde ella estaba.
Nos miramos a los ojos, la tensi