Por un segundo, no entiendo lo que me acaba de decir. Me cuesta procesar lo que ha soltado.
No tiene nada que ver con lo que siente y cómo está, porque para mí ha sido muy notorio desde que comencé con todo este juego de apuesta y poder que Maximilian está excitadísimo.
Es como me ha llamado, lo que sus labios han pronunciado con tanta familiaridad.
Es ese apodo. Mi apodo. Y es lo que se repite en mi cabeza con su voz grave una y otra vez. Y aun así, mi mente no lo procesa al instante.
—Maggi… —