El silencio cae con una densidad que apenas puedo soportar.
Su mirada, hermosa y llena de tanto que no logro descifrar, me sujeta, me clava al suelo como si fuera capaz de desarmarme solo con ese gesto.
«Sí puede y lo sabe muy bien».
Maximilian no responde, apenas y parpadea. En este instante, siento que mi pregunta ha tocado una fibra que no debería haber tocado.
«¿Qué me oculta?».
—¿Por qué…? —repito, casi en un susurro, la pregunta que no logro terminar de formular gracias a él, porque se ríe