Mi cuerpo se tensa de inmediato. El momento de paz se rompe como cristal bajo un martillazo seco. La fuente, el jardín, el silencio… todo se desvanece para mí y solo queda él. Su presencia imponente detrás de mí que me crispa los vellos de la nuca.
«¿Qué maldita costumbre es esta de aparecer en el momento justo?».
El capitán Adrián endurece sus facciones, se convierte en el perfecto guardia real que parece mirar y no mirar.
Me atrevo a girarme con aparente calma, obligándome a mantener la compos