Ver a Harriet vestida de blanco mirándome con ese brillo en los ojos y esa hermosa sonrisa en los labios, me hizo pensar cosas que no consideré, me hizo imaginarme en situaciones que no planifiqué y me hizo desear algo que sabía que no estaba bien.
Verla mirarme así fue suficiente para saber que ella ya estaba enamorada de mí. Ella ya se había enamorado y en ese momento se estaba entregando muy feliz al hombre que, si hablaba con la verdad, la volvía a destrozar.
Y me obstiné. La impotencia que