No sé cómo explicar esta semana sin sentir que algo en mi pecho se encoge. Ha sido… extraña. No mala, ni tensa, ni incómoda. Solo… rara. La niebla invisible que hay entre Maximilian y yo desde aquella noche que llegó del Palacio Real ha sido muy difícil de quitar.
Ambos hemos intentado cruzarla, romperla, disiparla, pero no hemos podido del todo.
Maximilian ha estado conmigo todas las noches. Todas. Fielmente regresa al castillo a la medianoche, conmigo esperándolo despierta en la cama con la mi