—Su al… —dice Emma, lista para hacerle una reverencia que no termina de halar ni de hacerla, porque Maximilian la detiene con un gesto de mano.
—Déjanos solo, Emma —le pide, con sus ojos azules fijos en mí. Únicamente en mí. Intensos. Oscuros.
No es una orden directa; por alguna razón, la siento más densa. Sin duda es una petición que no admite réplica por mucho que le haya dicho “por favor” con esa serenidad tan distante. Pero sé que es por lo que sea que le esté pasando.
Emma le hace una rever