Su advertencia sigue retumbando en mi cabeza pese al silencio incómodo que ha dejado con su partida. Trago saliva, todavía estoy nerviosa por el susto que acabo de pasar, pero finjo que todo está bien porque los ojos del capitán Adrián siguen observándome de una manera que ni sé cómo describir.
¿Acaso está también molesto por mi terquedad? ¿O se siente frustrado porque casi ocurre un accidente y él no estaba para ayudarme? Digo, es mi sombra, mi cuidador, quien debe velar por mi seguridad y supo