Bajo la mirada a su mano grande y firme que sigue esperando por la mía. El corazón me golpea en el pecho como si quisiera escaparse.
«¿Qué es esto?».
La tensión me resulta insoportable, trago saliva, levanto la mirada para volver a ver su cara.
—¿Qué esperas?
«Que me digas que tu servicial actitud es una broma, ¿tal vez?».
Mi orgullo me grita que no lo haga, pero en mi interior algo late para que lo haga. Siento un calor sofocante, recorrerme la espalda de arriba abajo y me reprendo por sen