Corleone se despertó de golpe, con la respiración agitada y el cuerpo cubierto de sudor. Su pecho subía y bajaba rápidamente. Giró la cabeza con urgencia, al recordar lo que había soñado. Solo cuando sus ojos encontraron la figura de Caterine dormida a su lado, su corazón empezó a calmarse. Por un instante, el sueño le había parecido demasiado real.
Suavemente, se recostó de nuevo y rodeó a Caterine con sus brazos, aferrándose a ella para asegurarse de que realmente estaba ahí y no era otro sue