Gino vació el contenido de su vaso y lo dejó con un suave golpe sobre la barra. No tenía intención de emborracharse, pero necesitaba al menos una copa para reunir el valor que, en la última hora, parecía haberse esfumado. Hasta hacía poco, estaba bastante convencido de que Greta aceptaría su propuesta. Ella lo amaba casi tanto como él a ella. Sin embargo, ahora las dudas las dudas habían comenzado a molestarlo.
Greta tenía sueños por cumplir... ¿Y si no estaba lista para comprometerse? ¿Y si él