Greta sonrió entre lágrimas, con la vista borrosa y el corazón latiendo con fuerza. Durante una fracción de segundo creyó que aquello era un sueño, pero se sentía demasiado real.
—Maldición —murmuró Gino, con una expresión de frustración tierna.
Su voz la sacó de sus pensamientos.
—No era mi intención que sonara como una orden. Juro que tenía un discurso planeado, pero en cuanto me arrodillé... lo olvidé todo. Solo podía pensar en cuánto te amo, tanto que no sé si esa palabra baste para expresa