Greta despertó con los rayos del sol colándose entre las cortinas. La brisa con olor a mar movía ligeramente las cortinas. Giró la cabeza y sonrió al ver a Gino aún dormido. Su rostro estaba completamente relajado, y un leve ronquido escapaba de sus labios entreabiertos.
Ambos se habían quedado dormidos hasta bien entrada la madrugada. Él la había secuestrado en algún momento de la celebración de la boda —aunque no podía llamársele secuestro cuando no podía llamarse secuestro cuando ella lo hab