Corleone escuchó un sonido fuerte a través del teléfono, luego un sonido agudo.
—¿Caterine? —llamó con urgencia, pero no obtuvo respuesta.
Alejó el celular de su oreja y vio que la llamada había terminado. Volvió a marcar el número de Caterine con rapidez, con la esperanza de escuchar su voz. El tono sonó una, dos, tres veces… pero nadie contestó. Intentó contener el nerviosismo que se apoderaba de su pecho y regresó a la sala de reuniones con el teléfono aún pegado a su oreja, sintiendo una inq